Los discursos del blues en Crossroads, de Walter Hill

Ferrán Riesgo

Resumen

De todo lo que se ha dicho o escrito acerca del virtuoso del blues Robert Johnson (1911-1938), muy poco es demostrablemente cierto. Walter Hill eligió comenzar Crossroads (Cruce de caminos, 1986) con un hecho improbable y otro indiscutiblemente real: el joven Robert esperando al diablo en un cruce de caminos del Sur, y el mismo Robert un tiempo después, grabando el célebre Cross Road’s Blues y plantando así los esquejes de un mito que tenía medio siglo por delante para florecer. Johnson es ahora la figura más conocida del llamado blues “rural” o “del Delta”, la forma de blues comúnmente considerada más primitiva o “pura”. En la red de misterios, leyendas y anécdotas que lo envuelve toma forma acabada el arquetipo del bluesman: vagabundo, bebedor, mujeriego, nostálgico, sufrido, y oscuramente relacionado con el Diablo y los cultos vudú; la leyenda más célebre es que su pericia musical la había cambiado por su alma en un cruce de caminos, en un pacto con el diablo. Este es el hilo conductor soterrado de todo el film, y el leitmotiv del personaje de Willie Brown (Joe Seneca), compañero ocasional de Johnson en los primeros años treinta, que vive siempre torturado por el recuerdo y acicateado por el miedo. Era el punto de partida ideal para la película de Hill.

Palabras clave

Música popular urbana; Blues; Hill, Walter; Crossroads

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DOI: https://doi.org/10.14198/QdCINE.2014.9.04